Diario turco (MOC), Anécdota #1 Infancia
Nunca fui el más popular en la escuela sino más bien era callado, tímido e intentaba siempre cumplir con lo que se espera de mí. Mi hermano gemelo por el contrario era más relajado, mucho más extrovertido y considerablemente más sociable que yo. Un día estaba en clase y pedí permiso para ir al baño. Recuerdo que cuando llegué a la entrada del baño, había unos niños que me impedían el paso, me empujaban y me decían que no podía entrar. Después de varios minutos, y ante mi urgencia fisiológica, terminé mojándome los pantalones. Mis atacantes comenzaron a reírse y se fueron satisfechos de su hazaña. Yo al verme con los pantalones mojados me encerré en un cubículo y ahí me quedé por mucho tiempo. Me acuerdo que no quería salir, no quería que nadie me viera con los pantalones meados. Después de unas horas (o minutos), mi profesor se dio cuenta que aún no había regresado, por lo que mandó a mi hermano a buscarme. Mi gemelo entró al baño preguntando por mí y al escucharlo le dije: ¡aquí estoy Ali! Le expliqué lo que había sucedido y le dije que no saldría hasta que nos tuviéramos que ir a casa, que no quería tener más razones para que se burlaran de mí. Ali, sin dudarlo, se quitó los pantalones y me los extendió diciéndome: ponte estos yo puedo usar los tuyos. Me puse sus pantalones y no sé bien cómo ni por qué pero ese momento me cambió, creo que fue la primera vez que realmente me sentí amado. Esa historia se la he dicho a muy pocas personas, se la dije una vez a alguien intentando explicar qué pensaba que era el amor. Años después esa persona escribe mi historia para sentirse cerca de mí que estoy tan lejos, física y emocionalmente; la escribe como una anécdota que tal vez por eso, por estar escrita ya no se esfume en el universo ni se pierda en la memoria frágil de los pocos que supieron de ella.